"Los alumnos y alumnas probablemente no recuerden qué les enseñamos, pero siempre recordaran como los tratamos."

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Desarrollo Profesional Docente

Mayo092008

Cuando sea viejo




 






La edad
trae una etapa en la vida que no siempre es fácil de llevar, y donde
tenemos que ser más comprensivos que nunca.



El día
que esté viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme.



Cuando
derrame comida sobre mi camisa y olvide cómo atarme mis zapatos, recuerda
las horas que pase enseñándote a hacer las mismas cosas.



Si cuando
conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras que sabes de sobra
como termina, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño(a) para
que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta
que cerrabas los ojitos.



Cuando
estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y
compréndeme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas.
Piensa cuantas veces cuando niño(a) te ayude y estuve paciente a tu lado
esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.



No me
reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los
momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte
más agradable tu aseo. Acéptame y perdóname. Ya que soy el niño ahora.



Cuando me
veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no
podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario
para no lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que yo fui quien te
enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y tu educación para enfrentar la vida
tan bien como lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia por
ti.



Cuando en
algún tiempo mientras conversamos me llegue a olvidar de que estamos
hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y
si no puedo hacerlo no te burles de mí; tal vez no era importante lo que
hablaba y me conforme con que me escuches en ese momento.



Si alguna
vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuanto puedo y cuanto no debo.
También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni
gusto para sentir.



Cuando me
fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame tu mano tierna para
apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles
piernas.



Por
último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y solo
quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene que
ver con tu cariño o cuánto te ame. Trata de comprender que ya no vivo sino
que sobrevivo, y eso no es vivir.



Siempre
quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.
Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar estaré construyendo
para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.



No te
sientas triste o impotente por verme como me ves.



Dame tu
corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir. De
la misma manera como te he acompañado en tu sendero te ruego me acompañes
a terminar el mío.



Dame amor
y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que
tengo por ti.



Extraído de
Internet



Admin · 2 vistas · 0 comentarios
Categorías: Autoestima
Avr262008

Los Pavos no Vuelan
LOS PAVOS NO VUELAN





 
Un paisano encontró en Catamarca un huevo muy grande.
Nunca había visto nada igual. Y decidió llevarlo a su casa.
-¿Será de un avestruz? -preguntó a su mujer.
-No. Es demasiado abultado -dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos? -propuso el ahijado.
-Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad
-respondió cuidadosa la abuela.
-Ante la duda, lo voy a colocar debajo de la pava que
está empollando huevos.  Tal vez con el tiempo nazca
algo- afirmó el paisano, y así lo hizo.

Cuenta la historia que a los quince días nació un
pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez
comió todo el alimento que encontró a su alrededor.
Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo
entusiasta:
-Bueno, ahora vamos a volar.

La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de
su flamante cría y le explicó:
-Mira, los pavos no vuelan. Te sienta mal comer
deprisa. Entonces trataron de que el pequeño comiera
más despacio, el mejor alimento y en la medida justa.
El pavito terminaba su almuerzo o cena, su desayuno o
merienda y les decía a sus hermanos:
-Vamos, muchachos ¡a volar!
Todos los pavos le explicaban entonces otra vez:
-Los pavos no vuelan. A ti te sienta mal la comida.
El pavito empezó a hablar más de comer y menos de
volar. Y creció y murió en la pavada general: ¡pero
era un cóndor! Había nacido para volar hasta los 7,000
metros. ¡Pero nadie volaba..!
El riesgo de morir en la pavada general es muy grande.
¡Como nadie vuela!
Muchas puertas están abiertas porque nadie las cierra
y otras están cerradas porque nadie las abre.
El miedo al hondazo es terrible. La verdadera
protección está en las alturas.  Especialmente cuando
hay hambre de elevación y buenas alas.
 
Desconozco el autor

Admin · 22 vistas · 2 comentarios
Categorías: Autoestima
Avr202008

Quiero ser fresia...

INTENTARÉ SER FRESIA

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que susárboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y laVid se moría porque no podía florecer como la Rosa.
La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una Fresia, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó:
- ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
- No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".


Jorge Bucay

Admin · 9 vistas · 0 comentarios
Categorías: Autoestima
Avr112008

Renuncio

RENUNCIO...
Renuncio a la fascinación de la tristeza que atrapa y a la soledad que deprime; a perder un solo día de mi vida, excepto que así lo decida para descansar o digerir aquello que me ha golpeado o necesita su proceso.
 
Renuncio a contener y prohibirme la plena libertad de expresión sea para protestar, gritar, llorar o reír con todas mis ganas.
 
Renuncio a las viejas creencias y doctrinas propias y ajenas que han ahogado o impedido mi creatividad ilimitada.
 
Renuncio a la vacilación, al desgano, a la postergación, a la adicción de la dependencia de otros para usar la plenitud de todos mis recursos infinitos, para verme motivado, contento y satisfecho conmigo mismo.
 
Renuncio al llanto fácil, a la autocompasión,
como al habito de adjudicar mis desdichas al prójimo.
 
Renuncio a olvidarme por costumbre de mis necesidades de descanso, diversión, esparcimiento, que me llevó a la confusión, al accidente o a la enfermedad.
 
Renuncio a ignorar la música y a postergar mis ganas de saltar, correr, caminar, pasear y bailar hasta el agotamiento.
 
Renuncio a todos los cuadraturas mentales y arcaicas convicciones que me han impedido desnudar con entusiasmo,
sin vergüenza alguna mi cuerpo, mis deseos,
mis pensamientos y proyectos.
 
Renuncio a enjuiciar, a condenar impulsivamente,
a buscar chivos expiatorios; todos cometemos errores que debemos aceptar y perdonar, para amarnos sin restricciones, otorgando amor, sin dudar, a todos nuestros semejantes.
 
Renuncio por ello a los títulos que califican como honestos y nobles, a quienes aparentan respetar postulados humanísticos, mientras marginan enfermos, villeros, homosexuales, extranjeros o a personas devotas de otras ideas y creencias.
 
Renuncio a la preocupación económica,
a la desesperación, a la impaciencia, para dar lugar a la confianza en mis futuros créditos e ingresos,
a la serenidad y a la paciencia, a sentirme víctima, para  descubrir sin acusarme, como fui responsable en mi percance, desdicha, enfermedad o accidente,
para encontrar por fin, a mi propio verdugo interior, que me ha llevado a perder, a impedir mis ganancias, mi salud,  mi bienestar.
 
Renuncio a mi crítica automática y común concedido por aquello quien señaló que arroje la primera piedra quien este libre de pecado...
 
Renuncio a toda acción o pensamiento que manipule u oprima la libertad propia o ajena.
 
Renuncio a la depresión indiferente o activa para aprender y enseñar comportamientos ecológicos, con la intención de cuidar la naturaleza y a todos mis hermanos terrestres.
 
Renuncio a toda forma franca o encubierta de hostilidad, indiferencia, desamor e hipocresía para comunicar y exaltar todas las conductas de amor, respeto, generosidad y asistencia de mis contemporaneos.
 
Renuncio a todas mis tendencias mortificantes para dar plena expresión a mis facultades e infinita energía que me saturan de equilibrio, salud y vitalidad.
 
Renuncio a la idiotez que me conducía a la excusa,
a la incriminación gratuita, a la violencia irreflexiva, a la subestimación personal, que postergó el conocimiento de mis cualidades humanas, mi aptitud innata para encontrar respuestas, mi excelencia para hallar soluciones, la maravilla divina que disfruto para hallar soluciones, la maravilla divina que disfruto como ser humano para superar obstáculos, en principio insalvables, convicciones que hoy me permiten asumir mi total responsabilidad ante esta vida mía, que ahora y en cada instante, decido vivir en plenitud.
Desconozco el autor

Admin · 19 vistas · 0 comentarios
Categorías: Autoestima
Avr102008

Cuida a tu projimo
CUIDA A TU PROJIMO

Malba Tahan ilustra los peligros de la palabra: una mujer tanto fue pregonando que su vecino era un ladrón, que el muchacho acabó preso. Días después, descubrieron que era inocente; lo soltaron y él procesó a la mujer.
-Hacer unos comentarios no es tan grave - dijo ella al juez.
-De acuerdo -respondió el magistrado- . Hoy, al regresar a su casa, escriba todo lo que habló mal sobre el joven, después pique el papel y vaya tirando los trocitos por el camino. Mañana vuelva para escuchar la sentencia.
La mujer obedeció y volvió al día siguiente.
-Está perdonada si me entrega los pedazos de papel que tiró ayer. En caso contrario, será condenada a un año de prisión- declaró el magistrado.
-Pero eso es imposible! ¡El viento ya ha dispersado todo!
-De la misma manera, un simple comentario puede ser esparcido por el viento, destruir el honor de un hombre y después es imposible arreglar el mal ya hecho.
Y envió a la mujer a la cárcel.
Pablo Cohelo

Admin · 15 vistas · 0 comentarios
Categorías: Lecturas para Docentes

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